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Papeles de Nunca Jamás por Esther Requena se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-LicenciarIgual 3.0 Unported.

viernes, 19 de abril de 2013

EL QUE FUMA, EL RESENTIDO Y EL OTRO








EL QUE FUMA, EL RESENTIDO Y EL OTRO

—Le reitero que ahora resultaría imposible. No estamos en el Antiguo Régimen.
—Cierto. Entonces fue más fácil: el hambre saca la furia a la calle. Pero permítame  recordarle que quienes se atrevieron a formular la propuesta fueron tachados de idealistas y agoreros…
—Señores, por favor, que la audacia del experimento no nos aparte del rigor que se nos supone— terció el que fumaba, desde la penumbra rincón más alejado de la mesa de café— Dejemos a los Capeto en el pudridero y vayamos avanzando…
—Es más. Incluso pongo sobre la mesa un plazo. Cinco años.
El otro abandonó la confortable madriguera de su sillón chippendale y avanzó el torso hacia su interlocutor, desafiante.
—Creo, caballero, que es momento para recordarle el fiasco de las Torres Gemelas. Entonces también se atrevió a vaticinar tiempo y, sin embargo, erró en la mayoría de las previsiones.
—No es el caso. Entonces no contemplé con parámetros adecuados el riesgo que comporta la labilidad propia de la conducta del ser humano.
—Y sobre todo, reconózcalo, cierto desconocimiento de lo que es el intríngulis de lo musulmán. Y recalco lo de “cierto” de manera misericorde, porque mi natural elegancia me impide hacer leña del árbol caído.
El hombre dirigió una mirada furibunda al rincón desde el que apostillaba, no sin razón, el que fumaba. Si quería persuadir a los demás de los beneficios de tan arriesgado experimento debía usar todas las artimañas con audacia y convicción. A su favor, el peligro, la audacia, la aventura, la diversión… En su contra, unos cuantos encontronazos con la historia.
El otro volvió a repantigarse en el sillón y cruzó los dedos bajo su barbilla. Meditaba.
—Cinco años para acabar con la clase media y al sexto el estallido social… hum… Le ruego que exponga los distintos postulados de tan intrépido plan.
—Faltaría más: sostengo que, aplicando las medidas oportunas, podemos conseguir que las sociedades del sur de Europa fagociten su clase media, esa que ha crecido en condiciones sumamente favorables, con altos niveles de cultura, derechos y bienestar. Además propiciaríamos un reparto no equitativo de la riqueza, ya saben, saquearíamos a los pobres para darles todo su capital a los ricos y de postre —perdónenme por la expresión— les tocamos las narices corrompiendo las instituciones.
—¿Cómo?
—Con dinero, como de costumbre. Lo que no falla…
El que fumaba se acercó a la mesa de café. Cuando vio sus ojos brillantes, supo que había ganado la partida.
—Permítame una pregunta. ¿Mantiene el plazo de cinco años antes de la revuelta social?
Se la jugó. Echó mano de su hipócrita condición para permitirles una pequeña victoria pírrica. Costaba tan poco y tenía tanta necesidad de reparación…
—Después de Torres Gemelas, quisiera ser más cauteloso. Quien dice cinco, dice seis o siete… en ningún caso diez, ya verán.
—Otra cuestión: ¿Por qué el sur de Europa?
—Porque tienen sol y con eso provocan la envidia de los demás.
—¿Y en base a qué premisas podrá mantener alejada de la violencia a los sujetos de experimento? Lo digo por si es posible temporizar con más exactitud las diversas fases.
El otro siempre puntilloso. El caso era poner pegas y sacar defectos. Le contestó con todo el sarcasmo que se merecía.
—Con la Estupefacción y el Miedo, por supuesto.
“Toma Goebbels” pensó. Al fin y al cabo él no era el único que había fracasado en alguna ocasión.
El que fumaba asintió complacido.
—¿Qué recursos necesitaría?
—En principio, un ejército de zombies en los más altos estratos del poder.
—¡Resucitemos a la Thatcher, sí sí, sí!
Había conseguido despertar el entusiasmo en el otro. Era tan previsible…
—Cierto, cierto. Una mujer en Alemania. Buena idea.
—Y en los demás países los más tontos de la zombietud.
—¡Es genial! ¿Podemos poner unos cuantos mamporreros también?
—De acuerdo. Y salpicarlo con unas miles de mamandurrias por kilómetro cuadrado…
—¡Veréis cuando les quitemos las casas, la educación y la sanidad!
—¡Y cuando les digan que si no tienen para pan que coman pasteles!
—Eso ya lo dijo María Antonieta
—¡Que les corten la cabeza!
—¡Y que se hagan ilusiones con la Justicia y cuando crean que la tienen ahí…!
Le preocupaba especialmente España. ¿Y si esos españoles de sangre caliente le fastidiaban el experimento? Cinco años aguantando eran quizá demasiados para los hijos de Viriato, pastor lusitano.
—Un momento, señores. Aplacemos la ilusión porque quizá tengan que permitirme un recurso adicional para la sinpar España, que tienen un pronto muy malo.
—¿Para dispersar la atención y el raciocinio?
—Ello.
—Nada más sencillo: Un extra de fútbol.
Suspiró con alivio. Ya todo estaba atado y bien atado.
—Entonces, caballeros, comencemos sin más dilación: Procedamos a la caída de Lehman Brothers

jueves, 11 de abril de 2013

I DON´T LIKE MONDAYS




I don´t like Mondays



“No me gustan los lunes” chillaba la pantalla del ordenador encendido, letras rojas, palpitantes sobre el fondo azul del cielo artificial de Windows XP.

Ella solo había pedido un móvil nuevo. Solamente eso. Era su cumpleaños, sus dieciséis años recién estrenados, sin rozaduras, arañazos, golpes, ni huellas indelebles de dedos de otros. Como su viejo teléfono pasado de moda del que todos se reían en el instituto.

Sólo había pedido un móvil para su cumpleaños. Sólo deseaba eso.

Pero su padre le había regalado un rifle.

“Te estás haciendo mayor y tienes que aprender a defenderte”.

“No me gustan los lunes” escribió con letras de sangre en el cielo de mentira de Windows XP. Cogió el rifle y se fue andando al Instituto.

No miró hacia arriba, hacia el cielo azul de junio. Tampoco miró a las madres despidiendo a sus hijos en la parada del autobús, ni vio la alegría del reencuentro en los compañeros en el patio tras el fin de semana.

Hay gente a la que le gusta contar lo que han hecho durante el sábado y el domingo. A ellos, a los que tienen amigos, sí les gustan los lunes.

A ella no. A ella, el lunes escrito con letras de sangre le palpitaba poderoso, abriéndose paso dentro, anegando su mente, disparando sobre algún buen recuerdo, alguna canción, algún juego, algún amigo que sí llegó a tener. Reventándolos.

Sólo tenía dieciséis años.

Llenos de lunes.

En el fondo del bolsillo parpadeaba su viejo móvil, quizá la pantalla iluminaba el nombre de la chica rubia que la miró atónita cuando ella le apuntó con el rifle.

O el de cualquiera de las espaldas a las que disparó.

Su viejo móvil almacenaba el número de muchos chicos guapos que nunca la llamaron. Alguno de ellos yacía a sus pies, ya sin rostro.

Otros gritaban su nombre. Por primera vez…

Escuchó de lejos el grito de su padre y le imaginó diciendo a la policía: “Se estaba haciendo mayor. Yo sólo quería que aprendiera a defenderse”

Entonces el lunes dejó de galopar por sus sienes y miró a su alrededor.

Comprobó que sólo quedaba una bala en el rifle nuevo y pensó que había elegido el mejor día para morir.

lunes, 4 de marzo de 2013

EL CREPÚSCULO DE LOS DIOSES





(ilustración de Bryan Lee)




EL CREPÚSCULO DE LOS DIOSES.

Desde que Sor Aya, la monjita encargada de su planta, les canceló el permiso de salida al sorprenderlos atravesando la calle en diagonal, los Tres Manes han aprendido a no desafiar el tráfico y cruzar por el paso de cebra aunque ello significara perder un tiempo precioso y no llegar los primeros a las obras de la acera de enfrente.
Porque es la segunda vez en tres meses que el Ayuntamiento abre la zanja y asegura espectáculo gratis para ellos, para sus rivales del asilo vecino (“El Merecido Descanso. Fundación víctimas de la SGAE”) y para el resto de jubilados y ociosos del barrio.
Y ellos, que en activo fueron leyenda, ahora, cuando disfrutan de su jubilación, siguen acostumbrados a encontrarse en primera línea de fuego, es decir, en la parte alta de la empinada calle, justo detrás del rótulo “Avería”, donde tienen acceso a una panorámica general que comprende, además de los trabajos del interior del hoyo, al dispositivo que se mueve alrededor: el ir y venir de los encargados, de la maquinaria, de la Policía Municipal y hasta de Protección Civil y Unidades Móviles de Tv en caso de que hubiera que lamentar algún incidente. La ilusión por estar a pie de obra, de orientar, de opinar, de porfiar, ha conseguido que Los Tres Manes vuelvan a sentirse imprescindibles. Atrás han quedado los meses transcurridos entre talleres de Tai_Chi y de Recuperación de la Memoria. Ya no es necesario matar el tiempo aunque cuando Clark, cada día, al tomar posesión de su sitio en el “Tendido Siete”, dice aquello de…
—Cuando terminen de arreglar Metrópoli va a quedar preciosa.
…Bruce y Peter se intercambian una mirada de preocupación por su amigo que, algo mayor que ellos, fue un auténtico referente para ambos cuando los tres compartieron puestos de responsabilidad en la Empresa. Ellos, que lo conocieron y admiraron en su época de esplendor, saben que Clark empezó a venirse abajo cuando el juez otorgó a Lois, en el divorcio, la explotación de las minas de metacrilato del Polo Norte, lo único que le quedaba de sus padres biológicos. Fue un golpe bajo. Desde entonces Clark sufre crisis de hipotermia que le obligan a llevar bajo su ropa de diario su antiguo uniforme de lycra, sin capa y con los calzoncillos por encima de las mallas.
-—Va a ser intolerancia a la kryptonita —dice el Dr. House, obligado a pasar consulta en el asilo para reducir condena y de paso guindar vicodina—. Y si no es la kryptonita será lupus.
Tampoco está de muy buen humor Peter. Hace un mes que su amigo Hulk tuvo que ser atendido por el SAMUR después de un rifirrafe verbal con otro espectador:
—Hulk es buena gente, pero tiene muy mal pronto. Con la pelea le subió la bilirrubina y se le quedó muy mal color —le cuenta a un jubilata del barrio que le reconoció en su día —Yo diría que su vida pende de un hilo.
—Como siga cavando en esa dirección se va usted a cargar la tubería C-213 —advierte Bruce al operario que maneja la perforadora.
—Y tú... ¿cómo lo sabes?
—Pues porque un kilómetro a la derecha de esa tubería tenía Joker, que en paz descanse, una de las entradas a su guarida.
Bruce es, de los tres amigos, el que mejor se ha adaptado a la vida pacífica y tranquila de la jubilación. Cierto es que él, que nació millonario, no tiene que vivir de la pensión de la Empresa.
—Pero tú aún tienes una ayudita con la del Daily Planet, Clark. Mira mi caso —se queja Peter— Toda la vida en “Save The World, S.L.” y si quiero sacarme para mis caprichos me tengo que dedicar a tejer cordones de botas por las noches...
Y así, entre conversación y conversación, pasan el rato los tres inseparables amigos hasta la hora del Ángelus, cuando vuelven a cruzar la calle —por el paso de peatones, señores, o si no aquí se quedan— para disfrutar de una frugal colación en el Asilo de las Madres Apandadoras para Superhéroes de la Tercera Edad.  Lamentablemente, la mañana ha transcurrido en un suspiro.
—¿Os he contado cuando di la vuelta al planeta para conseguir que el tiempo fuera para atrás?— pregunta Superman.
—Como un millón de veces, Clark —contestan Spiderman y Batman mientras intercambian una mirada de preocupación.



jueves, 10 de enero de 2013

APOPHIS (un relato sobre el fin del mundo)



APOPHIS 
  
Lo mejor de todo es que el fin del mundo cae en lunes.
Eso dije en la Puesta en Común de la Ceremonia, cuando me tocó el turno.
Por algo soy miembro destacado de la Iglesia de los Positivistas del Último Día (Loor y Gloria a Bucay y Coelho, sus Profetas) Se quedaron todos patidifusos, admirándome por el argumento. Todos menos García Sanjuán que de siempre me ha tenido bastante envidia.

Además, es rigurosamente cierto. Comparto con mis Hermanos en la Fe la dicha por ser uno de los Elegidos para el Final, los que contemplarán el último destello del sol, los que escucharán el último susurro del viento entre los árboles, los que inspirarán la última molécula de oxígeno... pero, sobre todo y ante todo, me alegro sobremanera de que al Cosmos se le haya ocurrido pergeñar que el impacto de Apophis con sus 140 metros de largo sobre nuestro viejo Planeta tenga lugar mañana, día 23 de abril de 2.036, a las 12 h. Mañana lunes. Así se recoge en la Profecía, en el Libro III (cap. 3, vs. 5º, 6º y 7º) de la Magna Obra: “Cuando recién contemplemos morir el Sol, todos nos alegraremos porque se acabarán la alergia y la calor”.
Soy optimista, sí, de los mejores. Pero de siempre he llevado muy mal los lunes, qué le voy a hacer.
Para celebrar nuestra gran suerte, en la Comunidad hemos decidido decir adiós a la Tierra y despedirnos de la vida (pero  para ser Uno con el Universo, faltaría más) con una gran fiesta. Lo malo es que nos costó ponernos de acuerdo, así que al final cada cual va a festejar la Marcha cómo y con quien quiera. Los López Basilisco, como vienen de la parte de Valencia, van a celebrar las Fallas y han colocado un ninot muy simpático, que parodia a Apophis, justo en la entrada del garaje. A algunos del barrio no les ha gustado la ubicación del muñeco, pero como les he dicho:  “¿Es que mañana vas a sacar el coche? ¡Pues entonces no te quejes!” Nos han invitado a pasar un rato por su casa, a tomar horchatita con fartons, pero he declinado (desde el cariño y el respeto) porque, para una noche que nos queda,  no es precisamente una horchata lo que más me apetece. Sí me pasaré por casa de Bovedilla, pobrecillos, que son del Atleti y van a celebrarlo como si su equipo hubiera ganado la Liga, la Copa de la Sinergia, la Eurocopa de las Estrellas y los Luceros, La Champion y el Mundial. ¿Qué les vas a reprochar a las criaturas? ¡Hacen pero que muy bien! ¡Qué bonito para ellos será emprender la Marcha habiendo cumplido con su mayor ilusión, con sus bufandas rojiblancas, sus trompetas, sus himnos! Y qué suerte no tener que soportar chanzas al día siguiente...
Yo, la verdad sea dicha, he dudado entre varias ideas: siempre quise participar en la fiesta del Sol de Medianoche porque sé que, llegado un momento, uno se va a las orillas del lago y allí, en fin, puede suceder de todo, ya se sabe por dónde voy... pero a mi señora y a los niños no les hacía mucha gracia lo de viajar a Alaska en un momento histórico porque ellos son más caseros. Así que, al final, nos quedamos y montamos una Nochebuena como las de antes, con su árbol, su pandereta, su corderito asado, su lombarda y sus villancicos. Eso sí, en cuanto los niños se duerman, me acerco a donde García Sanjuán, que ha montado una orgía romana. Es lo que tiene García Sanjuán, que será envidioso, pero a cachondo no le gana nadie. Y ahí seguro que celebro... ¡celebro con un par! Y es que me he quedado con unas ganas de lo del lago de Alaska...
Ahora son casi las doce de la noche. Hace tres horas que escribí los párrafos anteriores de esta pequeña crónica. Toda la casa huele a carne asada y los niños acaban de encender las luces que adornan el balcón. Que se note que es Navidad. Mi hijo pequeño, que es listísimo, está saliendo del despacho donde redacto estas breves líneas. La conversación que he tenido con él me ha dejado ligeramente desconcertado:
—Papi, digo yo que si Apophis choca con la Tierra mañana…
—Mañana lunes, hijo mío.
—¿A las doce?
—Sí, a las doce.
—Pero... ¿a las doce de allí o de aquí?
—¿Cómo que “de aquí” o “de allí”?
—Papá, porque los Profetas vivían todos en las Antípodas, ¿verdad?
—Sí…
—Y hay 12 horas de diferencia, papi...
Así que estoy mosqueado, dándole vueltas, muy liado. Si nuestra Fe no hubiera condenado el uso de los Mass Media, todo se arreglaría encendiendo alguno de aquellos aparatos, cómo se llamaban... ¿televisión, radio, internet? Algo así.
Ahora tengo el corazón en un puño:
¿Y si no me da tiempo a comerme el cordero?
¿Y si no me da tiempo a pasarme por la orgía de García Sanjuán?
¿Y si resulta que el fin del mundo no cae en lunes?

Los niños me llaman desde el balcón:
—¡Papá, papá, mira el cielo qué bonito! ¡Parece un Belén!

¡La madre que parió a los Prof…

Cataclás.